sábado, 12 de abril de 2008

Un manto de neblinas... NO las hemos de OLVIDAR

“Dos mil comerían por un año, con lo que cuesta un minuto militar”

Analizar uno de los períodos más crueles de nuestra historia, como la Guerra de Malvinas, requiere revivir recuerdos que muchos creían haber olvidado. Para ese entonces, nuestro gobierno estaba bajo el poder milita,r cuyo principal objetivo era perpetuarse allí, sin importar bajo que circunstancias.

En cierto modo, la Argentina reclama permanentemente los derechos de Soberanía sobre las Islas, basándose en una serie de aspectos, verbigracia, la herencia que nuestro país tenía de España con respecto a los territorios que le pertenecían al Virreinato, la contigüidad geográfica, la continuidad geológica, la ocupación desde 1811 en forma casi ininterrumpida, entre otros puntos.

Pero el gobierno británico, por su parte, se aferra al principio de libre determinación de los pueblos e insiste en la necesidad de respetar los “deseos” de los pobladores, que en definitiva, eran intereses.

A partir del 2 de abril, con el comienzo de la Guerra, bastaron 74 días para que demasiados sueños se esfumaran, muchas vidas se perdieran y la esperanza se acabara.
Las secuelas de Malvinas no cesan, aún en la actualidad, producto de las largas y frías noches de combate con hambre, temor y desolación. No debemos olvidar, que nuestros héroes no fueron tratados como tales, los recibieron por la puerta de atrás, con unos pocos familiares, e incluso algunos avergonzados de conocerlos. Y, ¿Por qué no hablarán de ellos, por qué dejarlos guardados en un rincón pequeño de la memoria? Si ellos fueron quienes pagaron con sus vidas, los precios de la codicia y avaricia.

Una mirada por el pasado de las Islas, su situación geográfica, las causas y consecuencias de tal decisión, nos permitirán llegar a una conclusión, que obviamente no será definitiva, porque los historiadores seguramente tendrán mucho que aportar, pero lo que no se podrá dejar de citar es la invasión permanente de las grandes potencias hacia Latinoamérica, como en el resto del mundo, y las secuelas sobre todo en lo social que dejan las guerras: solo muerte, desazón y destrucción.

Pero, ¿Qué hubiese sucedido con nuestro gobierno si hubiésemos triunfado en Malvinas? ¿Los terribles delitos de lesa humanidad, continuarían? ¿Viviríamos en un país democrático, o estaríamos bajo el dominio de un poder corporativo?


Héroes

No olvidemos el 2 de Abril de 1982, cuando tropas argentinas recobraron las islas Malvinas, como patrimonio de nuestro país. Esta situación, derivó en una guerra que duró 74 días y, por eso, no podemos dejar de reflexionar las terribles consecuencias que nos deparó este hecho irrazonable.

Una, tiene que ver con el recuerdo de la valerosa acción que llevaron adelante nuestros soldados que cayeron y la simple, pero inmortal, evocación que se ganaron por defender “nuestra patria”.
A éstos, también debemos respeto y agradecimiento pero, por sobre todo, tenemos que mantener prendida la luz de su memoria.

Memoria que no puede quedar apagada y en el pasado. Tampoco prendida pero distanciada de nosotros. Tiene que ser nuestra compañera y caminar de la mano, para poder progresar sin que se repita lo mismo.

La otra, la ingrata experiencia que vivieron los que lograron regresar, los cuales, no pueden despojarse de recuerdos tan profundos que, sin duda, influyen en su vida actual.

Seguros de que la soberanía debemos seguirla reclamando, no podemos dejar de rendir un sincero homenaje a los muertos por la Patria en el intento de recuperarlas, agradeciéndoles el haber tomado la decisión de luchar por lo que es nuestro.

Pero especialmente, tenemos que recapacitar y debemos tener muy presente a los soldados de Malvinas que comparten la sociedad con nosotros, que viven y están cerca de nosotros; que no reciben el trato que merecen.

Toda nuestra consideración para ellos y un gran sentimiento de orgullo por su coraje y por ser nuestros compatriotas.

Por eso y por mucho más expresémosles nuestros deseos de que tengan una vida digna y el reconocimiento de todos los argentinos.

Nicolás Fogolini

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