Desde hace ya treinta y un años, el 24 de marzo se convirtió en un símbolo de impunidad e injusticia. Fue el inició de la última masacre argentina, el momento en el que nuestra democracia se apagó, que dejamos de ser libres y pasamos a ser reprimidos en todos los aspectos.El sangriento golpe culminó con la desaparición forzada de 30.000 ciudadanos, aunque cabe mencionar que muchos menos de la mitad pertenecían a organizaciones guerrilleras. En efecto, podría aludirse a la ‘teoría de los dos demonios’ que sostiene que las miles de muertes no fueron provocadas solamente por parte de los militares, sino que participaron de una ‘Guerra Sucia’, situada ideológicamente, tanto a la izquierda como a la derecha del espectro ideológico: la Triple A, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros.
Considero justo hacer presente el nombre de Ernesto Sábato y de las personas que desempeñaron su labor en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), ya que su tarea llevada a cabo durante esos años nos hace posible tener presente el horror provocado por el terrorismo de Estado, y la importancia de dicho documento histórico para las generaciones pasadas, presentes y futuras.
La dictadura dejo una herida abierta en miles de argentinos que perdieron su libertad, su familia, su identidad, perdieron su vida luchando por ideales y principios, murieron por ser ellos mismos, por no callarse y comprometerse. Así todos, en pequeña o gran medida, quedamos ‘marcados’ y nuestro presente es producto de ese pasado. La falta de compromiso con el otro y con lo que nos incumbe es una muestra de ello, el no meterse, callarse, ser cómplice; en cierta forma, la falta de conciencia.
Estas heridas que muchos pensamos que se habían cerrado, no lo hicieron. Es un pasado tan presente que nos invade continuamente; todos sabemos que las experiencias son intransferibles, pero si de algo sirve recordar todo lo ocurrido, es para tener conciencia para no permitir que nos pasen por arriba y para no ser pisoteados, porque la democracia es el mejor camino. Como pueblo, tenemos que tener memoria ahora y siempre, para no dejar impune a los genocidas que atormentan nuestro pasado como país y que aún lo siguen haciendo. Y así, ejercer nuestro poder ciudadano.
Como todos sabemos el 24 de Marzo de 1976 ocurrió el Golpe de Estado que derrocó al gobierno de Maria Estela Martínez de Perón, fue el comienzo de un tiempo de terrorismo de Estado y creo que es el peor de todos, si es que al terrorismo se lo podría calificar.
El peor de todos, porque desde el gobierno ejercido por un grupo de militares y con la complicidad de un minoritario grupo de civiles, incluyendo al clero, que respondía a intereses propios y foráneos, secuestraban, torturaban y asesinaban a personas, sin importarles si eran culpables de los ‘delitos’ que les atribuían y en nombre de una supuesta reconstrucción nacional, que con el correr de los años se vio notablemente que no fue así.
Por esos años, yo no había cumplido aún los dieciocho años, estaba cursando mis estudios secundarios y un día, por el mes de junio, fui secuestrado de la casa de mis abuelos por un grupo de tareas (así se hacían llamar esos delincuentes de uniforme), diciéndome que mi nombre había aparecido en una lista de un guerrillero.
Fui trasladado a la estación de submarinos en la Base Naval de Mar del Plata donde estuve desaparecido por el término de quince días, en los cuales fui torturado como muchos otros. Cuando ya han transcurrido más de treinta años, es el día de hoy que tengo muy grabados esos momentos en los que mi vida y la de muchos otros no valía absolutamente nada; y dije desaparecido porque mi familia me estuvo buscando por todos los lugares imaginables, sin hallar una sola respuesta.
Para cuando me liberan, dicen que todo había sido un simple error después de haberme torturado de las peores formas que uno nunca podría imaginar.
Hoy, estoy a punto de cumplir cincuenta años y he visto pasar distintos gobiernos democráticos, algunos malos y otros peores, pero democráticos en fin, dentro de los cuales nos podemos expresar y hacer valer nuestros derechos, sin miedo a perder la vida.
La verdad tarde o temprano de todo lo ocurrido va a salir a la luz del día, y no hay poder en el mundo que la pueda hacer callar. Y como un día dijo mi padre: ‘Dios castiga sin palos ni rebenque’
Víctor Edgardo Vena.
















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